Algunos hombres, leyendo las primeras páginas de Génesis, ven Génesis y se detienen en Eva. Rastrean la caída del hombre hasta su conversación con la serpiente y concluyen, en voz baja o alta, que el consejo femenino conlleva un peligro inherente. Pasan de Eva a Sara dándole Agar a Abraham, y luego a Rebeca orquestando el engaño de Jacob. El patrón parece, a primera vista, preocupante.