¿Se retrasará el Juicio hasta el Cielo?
- Caleb Oladejo

- hace 6 horas
- 2 Min. de lectura

Alguna vez te has preguntado lo que sucede en el momento de la muerte? Lo que parpadea a través de la mente en esos momentos finales, justo antes de que el último aliento se toma? Es una mezcla de emociones—un sentido de finalidad que chocan con la cruda conciencia de la realidad. La realidad de nuestras decisiones. La realidad de cómo tratamos a los demás, de cerca y de lejos. La realidad de cómo la hemos desperdiciado un tiempo precioso resultando innecesario puntos.
Pero aquí está la verdad: el juicio no espera hasta que entremos en la eternidad. Comienza en el momento en que la verdad nos confronta. Las verdades que evitamos cuando teníamos fuerza y voluntad, las verdades que odiábamos porque nos obligaban a enfrentar nuestros fracasos, serán las mismas verdades que testifican en nuestra contra. En ese instante, como lo llama la eternidad, no habrá lugar para excusas, solo el peso innegable de la realidad.
El juicio en el cielo no es un tribunal repentino para el alma, sino la culminación de las verdades que hemos encontrado y a las que hemos respondido en la tierra. Cada palabra, cada acción, cada decisión, cada convicción ignorada, todo resonará en la eternidad. Y la pregunta que enfrentaremos no es simplemente: "¿Qué hiciste?"pero," ¿Qué hiciste con la verdad que te dieron?”
Para algunos, esta verdad será un consuelo, una confirmación de una vida vivida en obediencia a la palabra de Dios, en alineación con Su voluntad. Para otros, será el comienzo del arrepentimiento eterno. La tragedia de una comprensión retrasada es que la verdad, aunque siempre presente, fue silenciada por el orgullo, la dilación o la búsqueda de distracciones terrenales.
La Biblia nos dice: "Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, pero después de esto el juicio" (Hebreos 9: 27). Este versículo nos recuerda que mientras espera el juicio final, las semillas de ese juicio se plantan aquí en la tierra. Cada vez que nos encontramos con el evangelio, cada oportunidad de responder al llamado de Dios, cada impulso del Espíritu, es un momento de responsabilidad. El Cielo simplemente revela lo que elegimos abrazar o ignorar mientras aún teníamos la oportunidad.
Entonces, ¿por qué retrasa Dios el juicio final hasta el cielo? No es porque sea lento, sino porque es misericordioso. Él es paciente, dándonos tiempo para confrontar las verdades que hemos ignorado. Él espera, no queriendo que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3: 9). Sin embargo, este retraso no es indefinido. Llegará un momento en que terminará la oportunidad de elegir la verdad.
¿Qué harás con el tiempo que tienes ahora? ¿Permitirás que la verdad te transforme, o continuarás haciéndola a un lado, esperando un mañana que quizás nunca llegue? El último aliento no es solo el comienzo del juicio, sino el final de la oportunidad.
Hoy es el día para vivir en la verdad, reconciliarse con Dios y abrazar Su gracia. Porque el momento de la muerte llegará a todos, y con él, la plena realidad de cómo vivimos la vida que se nos dio. Que esa realidad sea de esperanza, no de arrepentimiento, mientras nos preparamos no solo para el juicio venidero sino para la vida eterna que sigue.



Comentarios